Como cada 15 de septiembre la Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora el Día Mundial contra el Linfoma, fecha que nos invita a reflexionar acerca de la realidad del cáncer en nuestro país.

El cáncer llamado linfoma abarca un gran número de subtipos, con variantes biológicas que tienen diferentes comportamientos clínicos y requieren terapias un tanto distintas entre ellas. A grosso modo se distinguen los “linfomas de Hodgkin” (LH) y los “linfomas no Hodgkin” (LNH). A su vez todos los linfomas se enmarcan dentro del espectro de cánceres hematológicos.

Según el Observatorio Global de Cáncer de la OMS (Globocan) al 2020, los linfomas no Hodgkin ocuparon el lugar 11 en incidencia de tumores malignos después de mama, pulmón, colon, próstata y otros. El LH, en cambio, ocupa el lugar 26. Desde el punto de vista de mortalidad, entre los cánceres hematológicos, sin duda la leucemia es el más mortal, pero en seguida vienen los LNH, luego el mieloma múltiple y los LH.

En Latinoamérica y el Caribe, el 7,4% de las muertes por cáncer corresponden a linfomas. En Chile el cáncer pasó a ser la primera causa de muerte, con aproximadamente 22.000 decesos al año, siendo sus principales causas el envejecimiento poblacional y el cambio del perfil de enfermedades de la población. De hecho, cerca de un 40% de los cánceres se relacionan con estilos de vida no saludables y factores de riesgo modificables, como el consumo y exposición a tabaco, obesidad, consumo de alcohol, exposición a sustancias tóxicas y agentes infecciosos. Recientemente se ha incluido el concepto de sexualidad, dado que los virus papiloma humano es causante de cáncer de cuello uterino, ano, boca, entre otros; en tanto el virus de hepatitis C es causante de un tipo de cáncer de hígado que ha aumentado considerablemente.

En hombres la primera causa de mortalidad por cáncer corresponde a cáncer de estómago, seguido por el cáncer de próstata, cáncer de pulmón y cáncer de colon. Mientras que en mujeres la primera causa de muerte por cáncer corresponde a cáncer de mama, seguido por cáncer de pulmón, cáncer de estómago y cáncer de vesícula.

Sin embargo existe una realidad aún más preocupante y es la del linfoma en población infectada por VIH, donde sabemos que la incidencia de linfoma no Hodgkin se incrementa 60 a 200 veces en pacientes infectados. La mayoría corresponden a linfomas de estirpe B agresivos, especialmente LNH difuso de células grandes B y LNH Burkitt, lo que recrudece las expectativas de sobrevida y la calidad de la misma. A este indicador se suma que durante la última década, Chile se convirtió en el país con la mayor incidencia de VIH en Sudamérica.

Se estima que 100.000 personas adquirieron el VIH en América Latina en 2018, un aumento del 7% en comparación con 2010. Aproximadamente la mitad de los países latinoamericanos experimentaron aumentos en la incidencia entre 2010 y 2018, con los mayores aumentos en Brasil (21%), Costa Rica (21%), Bolivia (22%) y Chile (34%).

Sabemos que los individuos infectados por VIH tienen una mayor morbilidad y mortalidad debido al cáncer, siendo la tercera causa más común de muerte en este grupo, a pesar de la alta efectividad de la terapia antirretroviral.

Durante el periodo de la pandemia se observó un incremento aun mayor de infecciones VIH, y se estima que su impacto en cáncer lo veremos en los siguientes años.

Desde una mirada ética del tratamiento del cáncer es importante rescatar el rol del “comité oncológico”, instancia que reúne a especialistas interdisciplinarios, quienes evalúan antecedentes clínicos, y en conjunto plantean el plan terapéutico según etapificación y protocolos vigentes. El comité es la actividad principal previa al inicio de cualquier tratamiento e indicación terapéutica e incluye la representación de disciplinas como oncología médica, radioterapia, cirugía y cuidados paliativos. Tan o más importante que lo anterior es la conveniencia de que los pacientes sean tratados en hospitales o clínicas que cuenten con todas las especialidades de la medicina, y por cierto con servicios de urgencias disponibles a toda hora, lo mismo que es imprescindible contar con unidades de cuidados intensivos, además de servicios de radiología, laboratorios y ficha clínica en línea.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha puesto el acento en el aseguramiento de los recursos y su uso adecuado, en la calidad técnica del manejo de la enfermedad, en la implementación de sistemas de mejora continua y en el seguimiento de metas para el monitoreo de los procesos. Este esfuerzo de costo efectividad y oportunidad, es el mismo desde el momento de diagnóstico hasta el último instante de tratamiento o cuidado. En este aspecto, la onco-rehabilitación cumple un rol fundamental en que participan especialistas, terapeutas y familiares con la finalidad de recuperar el bienestar físico y emocional, debiendo ser un derecho de salud garantizado: Antes, durante y después del tratamiento, impactando positivamente no solo las condiciones físicas, sino también la confianza y la autoestima del paciente con apoyo de los psicooncólogos y la familia.

Gestión de prensa Agrupación de Médicos de Clínica INDISA 

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