Experiencias estresantes que se han vuelto crónicas, aumento de licencias psiquiatras por cuadros depresivos y ansiosos. La nueva pandemia que crece a pasos agigantados, es la del impacto en la salud mental de los trabajadores del servicio sanitario del país.

El ritmo de trabajo y la alta demanda laboral en la que se han visto envueltos los médicos, enfermeras, técnicos, auxiliares, y otros profesionales de la salud de centros hospitalarios y no hospitalarios, los ha llevado al límite de lo tolerado. Desde la llegada de los primeros casos a Chile, los profesionales de la salud se han mantenido en un estado constante de hiperalerta , mientras los casos aumentan y los servicios de salud siguen colapsando, las experiencias críticas intensas y duraderas de estos trabajadores siguen desencadenando de manera exponencial trastornos altamente invalidantes, cuadros psicológicos complejos donde las/los psicólogos del área tanto pública como privada, nos hemos visto superados por la alta demanda de consultas de trabajadores del área debido al estrés, los trastornos de sueño y la pérdida de motivación por las actividades.

Las intervenciones con el personal apuntan a mejorar sus estrategias de afrontamiento y brindar herramientas para el manejo del impacto emocional, sin embargo, el escenario sanitario se ha vuelto complejo desde iniciada la pandemia, por lo que las condiciones laborales se han ido deteriorando tanto por el aumento de casos, como por la disminución del personal y el cansancio generalizado.

La mala calidad de la Salud Mental en nuestro país es una situación crítica que requiere acciones inmediatas, no hay una propuesta concreta para poder visibilizar las problemáticas más urgentes. Pareciera ser un tema tabú, incluso sinónimo de debilidad.

La cuarta ola silenciosa de la pandemia, (como se le ha denominado al aumento de las enfermedades mentales), se hace cada vez más latente, a medida que la incertidumbre crece y los efectos psicológicos se intensifican, los profesionales de la salud, llamados también “primera línea” regresan a sus casas con una sensación constante de desanimo, problemas de alimentación, dificultades de concentración , en muchos casos automedicación y aumento o iniciación exploratoria de consumo de sustancias licitas e ilícitas, esto último reportado en un estudio realizado durante el año 2020, por Health Care Workers Study y el colegio médico, junto a reconocidas universidades a lo largo del país.

Si bien la experiencia es individual y subjetiva, en este nivel de sobre exigencia, es recurrente que los equipos de salud experimenten efectos psicológicos donde existe un factor común reiterado; hay una predominancia de cuadros ansiosos, crisis de pánico, licencias médicas por agotamiento generalizado y mayor reporte de casos de síndrome de burnout con un impacto altamente significativo en su calidad de vida. Esto ha dejado al descubierto la precariedad en el sistema de prevención de enfermedades de salud mental en el equipo sanitario. Durante esta crisis los trabajadores se han visto enfrentados a una sobre carga laboral y emocional intensa, un constante escenario de experiencias negativas, sumado al

aislamiento que conlleva su trabajo y cómo consecuencia el limitado contacto con su grupo familiar por resguardo de estos mismos. Se rompe de manera abrupta su rutina, se separan de sus seres queridos, hay una reducción de la libertad, se pierden los espacios de contención, las jornadas se vuelven extensas y extenuantes y la incertidumbre ante los posibles contagios crece. Estos trabajadores han aprendido sobre la marcha acerca de una crisis sanitaria sin precedentes y viven a diario la amenaza de ser ellos los próximos contagiados, además del temor contante a la pérdida de su fuente de ingresos económicos si no vuelcan su esfuerzo total para contener el aumento de casos.

En relación a lo anterior, es fundamental señalar que el cuerpo médico, y profesionales de la salud continúan a un año de iniciada la pandemia, inmersos en este colapso laboral sin tregua, con la carga emocional no solo de ver morir pacientes, o colegas que perdieron la vida en servicio, sino también aquella que llevan a nivel familiar; el agobio constante que tiene consecuencia directa en sus vínculos inmediatos. En muchos casos se han evidenciado quiebres amorosos, sentimientos de soledad, distrés, acompañado de episodios de mayor irritabilidad, donde sus familias han sido testigos directos de los efectos de esta sobreexposición física, psicológica y emocional, víctimas silenciosas; familias que también deben lidiar con las restricciones que implica la pandemia.

Los profesionales del área de la salud mental trabajamos constantemente en promover el bienestar psicológico y el autocuidado, con la finalidad de contrarrestar y disminuir el impacto psicoemocional del personal sanitario y de la población en general; no obstante se

requieren acciones coordinadas con instituciones públicas y por supuesto un cambio en la cultura preventiva del cuidado mental de los equipos de trabajo, dado que en la práctica el agobio laboral continúa en ascenso con resultados alarmantes. Puedo asegurar desde mi experiencia profesional en psicoterapia y dada la alta demanda de consultantes que llegan a diario, que esta crisis de salud mental es la punta del iceberg de las consecuencias que visualizaremos con mayor intensidad a mediano y largo plazo, cuando éste colapso llegue a su punto máximo,

Es urgente, por tanto, que se puedan implementar desde lo gubernamental y de manera transversal, diversas iniciativas para el correcto abordaje tanto en contención como en el despliegue de recursos preventivos con la finalidad de hacer frente a las problemáticas expuestas, en un escenario cada vez más complejo que hoy tiene a la “primera línea” de salud dentro de las cifras más altas de deterioro emocional.

Reg. Superintendencia de salud 241898

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